Clase 182 – Lo que ya sabemos

Hemos visto algunos ejemplos valiosos sobre la ventaja que significa el alfil en las posiciones abiertas o en aquellas en que los peones no entorpecen su acción. Veremos otros ya más difíciles, para llegar a algunos finales reducidos a la acción de esas piezas, también favorables. Esto nos permitirá luego establecer principios generales, para saber en qué momento conviene más un caballo, cuándo un alfil, y especialmente, para saber cómo debemos buscar la
simplificación, para imponer una pieza activa nuestra, o cuándo la debemos efectuar para eliminar una del adversario. Porque la lucha de caballo contra alfil es, en realidad, médula estratégica del ajedrez. Y ya veremos cómo todo esto depende exclusivamente de la conformación de peones. Sabemos ya que el alfil es más eficaz que el caballo en las posiciones donde los peones no están trabados entre sí y, además, en las que no existen cadenas de éstos, que bloqueen su movilidad, y también, que es precisamente el caballo la pieza que más hace sentir los efectos desagradables que se desprenden de la existencia de un alfil malo, o sea de un alfil que corre por cuadros del mismo color que los que ocupan sus propios peones. En el transcurso de lo que hemos publicado se habrá aprendido que el caballo tiene una enorme superioridad en las posiciones antes mencionadas; que esa superioridad es decisiva, aun en los finales reducidos exclusivamente a la acción de esas dos piezas, finales en que hay una larga cadena de peones trabados por ambos lados. Se habrá compenetrado, además, el aficionado, de que el alfil nunca logra posiciones tan decididamente ventajosas, tan típicamente ventajosas, y sabe, por último, lo que parece un contrasentido: que el alfil es superior, por lo general, al caballo.

LA FUERZA DE DOS ALFILES UNIDOS
Hemos anticipado ya que la verdadera fuerza de los dos alfiles está cuando ambos existen en el tablero. Dijimos que si un alfil vale 3,5 y un caballo 3, dos alfiles juntos valen 8, y dos caballos seis. Es decir, que nunca mejor aquello de que “la unión hace la fuerza”, en ajedrez, como en el caso de la existencia de
dos alfiles que tanto colaboran entre sí. Desaparecido uno de ellos, la situación es distinta. Hay casillas del tablero inaccesibles para el alfil, ya que éste sólo actúa por 32 de las 64, y en esta forma, si esa pieza no cuenta con la colaboración de peones situados en cuadros de distinto color, para complementar su acción, resulta que el caballo se convierte en una fortaleza inaccesible. De ahí la necesidad de las formaciones móviles de peones, pues esto permite disponerlos de acuerdo con las exigencias de la lucha.

DÓNDE DEBE COLOCARSE EL ALFIL
Pero también puede jugarse con un alfil contra un caballo, y con ventaja, en las posiciones en que los peones están trabados y el alfil marcha por diagonal distinta a la que ocupan éstos. Por ejemplo, una cadena de peones como la que muestra el siguiente diagrama: 

El bloqueo de peones es absoluto. ¿Dónde debe estar colocado el alfil para que tenga el máximo de eficiencia defensiva? Pues en “d2”, desde donde toma las casillas centrales que los peones han descuidado. Es decir, cuando los peones toman la forma de una “V”, el alfil debe estar atrás del peón más retrasado. Una de las razones matemáticas para que el juego con los alfiles sea mucho menos agradable cuando hay peones rígidos, o sea peones frente a frente que impiden la movilidad de los mismos, y tanto cambian el curso de la lucha, ya que la convierten en una especie de guerra de trincheras, es que sólo un alfil tiene, en cada línea, cuatro vías para entrar sobre el juego enemigo. Una vez que los propios peones le quitan las únicas cuatro casillas de su color, ya que las otras cuatro sólo pertenecen al otro alfil, no hay forma de entrar sobre el juego adversario. Por ejemplo, colóquense los peones como muestra el diagrama siguiente: 

Si las blancas tienen un alfil que marche por casillas negras, es decir, su alfil dama, esta pieza es absolutamente inofensiva por el hecho de que no puede penetrar en el juego enemigo. Pero, en cambio, todas aquellas posiciones donde no se ha llegado a una rigidez tal en las conformaciones de peones y más especialmente en las que hay pocos peones, el alfil es muy superior. Asimismo, como mostramos oportunamente, los finales de peones y alfil contra peones y caballo, estando los peones de ambos bandos en sus casillas de origen, son generalmente tablas, pero si hay mayoría de peones en un sector, aun cuando se tenga minoría en el otro, el alfil es mucho más eficaz.

SIN QUERER, CAPABLANCA COMPROBÓ SU TEORÍA
Veremos ahora dos nuevos ejemplos de distinta factura, pero en los que se revela cuáles son las posiciones en las que es más valiosa la acción ágil y a larga distancia del alfil. Empezaremos con la partida entre Marshall y Capablanca, jugada en el torneo de Nueva York del año 1918.
Marshall,F – Capablanca,J 0-1

NOTABLE MODELO DE SPIELMANN
Para completar un poco este ejemplo veremos otro en que también fue protagonista Marshall (blancas) contra Spielmann. Observaremos cómo en una posición de peones semitrabados, pero en la que el alfil actúa por la diagonal buena, también esta pieza es superior al caballo. A esta posición se llegó después de la jugada 36 de las negras: Marshall – Spielmann 0-1

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Soy German Spata ,Maestro FIDE Argentino , me dedico a formar jugadores con perfil competitivo. Actualmente gran parte de mis alumnos tienen objetivos serios en ganar los Campeonatos Nacionales Amateurs (Sub 2300/2000/1700) y Nacionales Infantiles.

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