Clase 65 – Los peones base de los planes

El jugador bisoño asigna al peón la mínima importancia técnica de la partida. Como son las piezas menos valiosas, la pérdida o el avance de uno de ellos no significa nada. Por otra parte, como habitualmente compite contra adversarios de su misma fuerza, sucede que no son explotados los errores técnicos de este tipo que realiza, y vive en el mejor de los mundos, convencido de que no juega mal y que comprende cabalmente el ajedrez. Atribuye habitualmente su imposibilidad de alternar con los grandes jugadores a la falta de tiempo para dedicarse al ajedrez o a la falta de paciencia. Como no comprende el juego, cae en el enorme error de creer que es cuestión de paciencia. Su estrategia es simple, y por cierto productiva, frente a rivales que, como él, sólo saben mover las piezas y convierten el ajedrez, de una lucha armónica donde el raciocinio, el análisis y la síntesis juegan un papel decisivo, en un juego de azar más o menos evidente. Quien sólo intenta dar jaques dobles o un mate de sorpresa, y en cada jugada que efectúa defiende una amenaza o ensaya un lance, no juega aún en realidad al ajedrez. Si lo hace porque no le es posible practicarlo de otra manera y sólo como un estado preparatorio para la mayor comprensión del juego, nada puede reprochársele, pero si no aspira a nada más que a eso desconocerá siempre el verdadero interés del ajedrez, no lo comprenderá nunca y en realidad disminuye, sin proponérselo, su verdadera función. El ajedrez es un juego, en verdad, pero también una escuela de razonamiento. Si como juego merece ser difundido, se justifica mucho más ampliamente como pretexto para que el hombre joven se habitúe a razonar, a sacar conclusiones, a desconfiar del primer impulso, y, especialmente, a sintetizar su labor mental para crear el saldo de la misma: la respuesta justa. En esto el ajedrez alecciona a la vez que entretiene. Existe una enorme masa de personas a quienes se les han proporcionado todos los elementos para triunfar en una empresa, pero carecen del hábito y la capacidad de razonar lógicamente, por lo que no logran coordinar un plan. Lo mismo sucede en el ajedrez con una apreciable mayoría de jugadores, y esto es lo que puede evitarse a poco que se comprenda el juego en su verdadero alcance, y aun más, en su verdadera función social: como gimnasia mental. Interesa mucho más que ganar una partida concebir y llevar adelante una idea estratégica, no hija de un detalle accidental de la lucha, sino de la estructura íntegra de la posición. ¿Pero cómo hallar la idea? ¿Qué es lo que permite atrapar el sutil hilo del plan? Este es en realidad el obstáculo, ya que los planes no siempre existen de manera definida. Pero quien se grabe en la mente que el plan nace en ajedrez desde el primer momento que se mueve un peón y que su conformación impone el ritmo de la lucha habrá ganado la batalla contra tan difícil interrogante.

POSICIONES TÍPICAS DE PEONES
La posición ideal de los peones es la que forma con los mismos una línea horizontal. Es decir, la posición inicial. El problema de avanzarlos ha intentado ser resuelto de múltiples maneras. La posición que forma con ellos un embudo, por ejemplo: e5-f4-g3-d4-c3-b2:

es fuerte, porque agrupa los peones en un sector, pero deja las casillas laterales de los peones avanzados a merced del adversario.

La posición que surge de peones avanzados en e4-d3 y c3:

común a muchas aperturas y que Reti denominaba la base Steinitz, es más sólida, ya que sólo tiene como problema táctico la custodia del punto débil de f4 (la casilla lateral al peón más avanzado), pero éste suele tener la inapreciable custodia del alfil dama. Esta conformación presenta una sola dificultad y es que se trata de una posición estática, y en ajedrez, como en la vida, el curso de los acontecimientos obliga a modificar los planes mejor madurados. Para intentar vencer es necesario cambiar en algún momento la formación de esos peones, y necesario se hace, pues, concebir formaciones de peones típicas, pero no ya en el terreno del planteo, sino del medio juego. Vamos a matizar estas explicaciones con algún ejemplo de la técnica del Dr. Lasker, que había hecho de su habilidad para mantener formaciones de peones superiores la verdadera base de su estilo y de sus éxitos formidables. Pero antes expongamos algunas formaciones típicas:

BUENAS:



REGULARES:




MALAS:




Esta breve reseña sólo intenta dar una idea de posiciones de peones que suelen gravitar durante toda la acción. Hay miles en cada caso y casi imposible resultaría reunirlas en un capítulo. Es claro que estas posiciones están supeditadas a la acción de otras piezas, pero si bien con las mismas puede remediarse la situación, no quiere decir que sea aconsejable colocar los peones de manera que se sostengan mal entre sí, o que creen muchos puntos débiles en la propia posición. Para ilustrar, reduzcamos el ejemplo al siguiente: f2-f3-e3:

 Hay aquí un peón doblado y, sin embargo, la posición es buena, porque no deja puntos débiles centrales. Por otra parte, los tres peones desempeñan un papel efectivo.
La posición: f2-e3-f4: 

es un poco inferior a la que antes enunciamos, porque deja una casilla débil en e4 y no se fiscaliza la de g4. Pero se vulnera el punto e5 enemigo y los peones se complementan entre sí.

En cambio: f2-f3-e4:

es una posición defectuosa, ya que prácticamente en esta posición se tiene un peón menos, pues el de f2 no defiende nada. Si el rival se apodera del “hole” de f4, o evita el avance de f4 (que es necesario para reconstituir la mala formación de peones), tiene una ventaja estratégica fundamental. Observamos, pues, cómo cambia la posición y cómo nace un plan por el simple cambio de colocación de estos peones.

LA TÉCNICA DE LASKER
Pero maticemos esto con algún ejemplo de lucha viva. En el match que Lasker, con las blancas, jugó con Blackburne en 1892, se produjo una partida que en la jugada 27 llego a la posición siguiente, en la que la situación es muy normal y por lo tanto excelente como ejemplo:

Puede afirmarse que en este momento las blancas, que acaban de jugar, tienen la partida ganada, en mérito exclusivamente a la situacion de sus peones, que es excelente si se la compara con la de los del negro, que sin ser muy defectuosa -ya que no hay peones doblados ni aislados- es inferior, pues tiene todos los defectos de la posición embudo, sin ninguna de sus compensaciones. (Defectos son las casillas débiles que dejan, en este caso los cuadros negros que están delante y al costado de cada peón, y compensaciones serían que para llegar a esa posición las blancas hubieran debido colocar sus peones en h6-g5-f4 y e5). Por otra parte, el peón de b5, sostenido en su acción fiscalizadora del punto c6 por el alfil, fija los dos peones del ala dama negra y amenaza en realidad de muerte al desventurado peón de a7, que sólo puede ser defendido por una pieza que se inutilizará en su sostén (Cc8 o Ta8) y a la vez entorpecerá la acción de las demás. La partida está ganada estratégicamente, si bien tácticamente ofrecerá dificultades, aun después de ganar el peón “a”. La forma en que ganó Lasker la insertaremos inmediatamente, pero, antes de seguir adelante, deben los aficionados estudiar el procedimiento para ver si tienen una idea cabal de la posición a través de lo que hemos sugerido.

CÓMO LE GANÓ LASKER A BLACKBURNE
En dicha posición (después de la jugada 27 de las blancas): Lasker,E – Blackburne,J 1-0

LA DERROTA DE STEINITZ
En esta posición jugaban las negras, conducidas por el entonces campeón del mundo, Guillermo Steinitz, quien ponía en juego su título con el Dr. Emanuel Lasker, que conducía las blancas: Lasker,E – Steinitz,W 1-0

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Soy German Spata ,Maestro FIDE Argentino , me dedico a formar jugadores con perfil competitivo. Actualmente gran parte de mis alumnos tienen objetivos serios en ganar los Campeonatos Nacionales Amateurs (Sub 2300/2000/1700) y Nacionales Infantiles.

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