Clase 195 – El secreto de la simplificación

Largo es el viaje que hemos realizado a través de los problemas técnicos de los dos alfiles. Parecerá quizá que nos hemos extendido demasiado, pero a nosotros nos parece, en cambio, que estamos sintetizando excesivamente el número de ejemplos. Y nos parece que hemos sido breves, porque no hay en la técnica del ajedrez tema más fundamental que el que nos ocupa. Se trata del grave problema de la simplificación y del secreto estratégico máximo de la mayoría de los maestros. Hemos visto en los ejemplos dados anteriormente de qué manera los grandes maestros superaron a los mejores jugadores argentinos en partidas aparentemente iguales. Sólo la hábil percepción de las posiciones técnicas que brotan de la posesión de ambos alfiles contra dos caballos, o alfil y caballo, desniveló partidas en apariencia perfectamente equilibradas. Tan importante es el tema, que nos hemos atrevido a sostener que en la habilidad para saber cuándo debe simplificarse una posición está el verdadero secreto del éxito de los grandes maestros y radica el único peldaño que nos separa del ajedrez magistral. Nuestros buenos jugadores se diplomaron como capaces de verdad en Varsovia y ratificaron brillantemente el examen en Estocolmo. Pero para llegar a la meta, para poder aspirar a que superen aquellas actuaciones, fuerza es que aprendan a darle a este secreto técnico la importancia merecida.

FLOHR FRENTE A BOTVINNIK
No faltará quien argumente que, en aquellos casos, los grandes maestros derrotaron a los nuestros simplemente porque juegan mejor, y que del mismo modo los habrían batido con los dos caballos contra los dos alfiles. Pero contra estos espíritus desconfiados se alza irrefutable la fuerza del argumento de otros ejemplos que hemos publicado y, como prueba definitiva, la partida memorable que Flohr le ganó a Botvinnik en el “match ” que ambos disputaron hace algunos años y que terminó empatado luego de una serie de cotejos, pocas veces igualados por su calidad, ni aun en “matches” por el campeonato mundial.
Flohr,S – Botvinnik,M 1-0

RESUMAMOS
Pondremos punto final al tema más dificil sobre la técnica del ajedrez, que hemos considerado hasta ahora. A través de la serie de partidas que hemos estudiado, la experiencia de los maestros nos ha permitido observar la abundancia de recursos que nace de la existencia de dos alfiles unidos en la mayoría de las posiciones. Hay, en realidad, situaciones en que ambos caballos son más fuertes. Esto sucede en algunas posiciones de bloqueo absoluto, en las que los alfiles están trabados en su acción por los propios peones y no existe el recurso de avanzar éstos, o en aquellas conformaciones de peones defectuosas del bando que posee los alfiles. Pero en situaciones normales, comunes, sin desniveles en la situación de los peones, los alfiles suelen ser más eficaces. También hemos sacado una conclusión valiosa, y es que los caballos, para ser relativamente buenos, necesitan tener puntos de apoyo; que un caballo
tiene fuerza cuando se ubica en un cuadro central y puede ser sólidamente apoyado. El caballo necesita así casi siempre el auxilio de un peón, y estar en un lugar del que no pueda ser desalojado por los peones enemigos. Un caballo, cuando se mueve, varía de zona de influencia y, en cambio, el alfil conserva el privilegio de poder moverse sin dejar de ejercer la presión. De acción más consecuente, más tenaz, ataca de cerca o de lejos, y en esto supera también al caballo. En cambio, esta última pieza tiene el privilegio de poder actuar a su tiempo en cada una de las 64 casillas del tablero, y el alfil sólo en 32, ya que, o actúa en las diagonales blancas o en las diagonales negras. Y precisamente, al exponerlo, hemos dado con el secreto de la fuerza de ambos alfiles unidos: que se complementan decisivamente y no dejan ninguna zona inexpugnable a su rápida acción. Por ejemplo, un alfil puede actuar en cualquiera de las 32 casillas de su zona de influencia en sólo dos jugadas. Puede dominar 13 casillas a la vez, y en su peor posición actúa sobre siete cuadros del tablero.

LA LENTITUD DE LOS CABALLOS
El caballo, a lo sumo, puede dominar desde su mejor ubicación ocho casillas y hay cuadros del tablero que sólo puede alcanzarlos de seis saltos. Por ejemplo, desde “h1” para ir a “a8”. Todo esto, claro está, sin piezas en el tablero. De lo que se deduce que sólo puede nivelar la acción dispar de estas piezas la situación en que se halle el resto de los efectivos de cada bando. Otro detalle interesante es que un alfil puede copar por su sola acción a un caballo. En cualquier posición en que el caballo se encuentre sobre una banda del tablero, se ubica un alfil dos cuadros delante de él y el caballo no puede moverse. Por ejemplo: un caballo en “e1” y un alfil en “e4”; un caballo en “h5” y un alfil en “e5”; un caballo en “c8” y un alfil en “c5”, un caballo en “a6” y un alfil en “d6”, etcétera. En cambio, en ninguna posición el caballo puede devolverle al alfil tan celosa atención. Otro detalle importante es que dos alfiles
pueden dar mate y dos caballos no. Éstos pueden hacerlo si existe, además del rey, como es natural, alguna otra pieza en el tablero, y los alfiles con su propio esfuerzo. Esto sucede por otro hecho técnicamente valioso, y es que un alfil puede ganar y perder tiempos, ya que en un número impar de movimientos puede ubicarse en el mismo sitio en que actuaba antes. Un caballo, en cambio, nunca gana tiempos. Necesita números pares de movimientos para retornar a un mismo sitio, cualquiera que sea la trayectoria que haga.

EL EJEMPLO FINAL
Y como ejemplo final de este tema mostraremos la partida que Geza Maroczy, el viejo técnico húngaro, me ganó en el torneo de Londres de 1927, en la que el hábil maestro dictó una cátedra de técnica ajedrecística. Grau,R – Maroczy,G 0-1

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Soy German Spata ,Maestro FIDE Argentino , me dedico a formar jugadores con perfil competitivo. Actualmente gran parte de mis alumnos tienen objetivos serios en ganar los Campeonatos Nacionales Amateurs (Sub 2300/2000/1700) y Nacionales Infantiles.

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