Clase 66 – Los peones y el valor de las piezas

Hemos considerado a través de algunos ejemplos del Dr. Lasker de qué manera posiciones iguales en cuanto a material, espacio y amenazas se desnivelan exclusivamente por la mala configuración de peones. Pero no es precisamente la importancia de los mismos en el final de las partidas, por cierto decisiva, lo que motiva preferentemente este trabajo. El tema es más amplio y forma más íntimamente parte de la estructura íntegra del ajedrez. Lo que deseamos demostrar es de qué manera el más insignificante de los avances de peones gravita en la estructura general de la lucha y por qué causas la estrategia íntegra de la partida, el valor de las piezas y la simplificación dependen exclusivamente de esos fundamentales detalles estratégicos. Podrá parecer que esto aumenta la dificultad del juego para el ajedrecista bisoño; por el contrario, la simplifica. Como que son los peones los que dan el tema general de la partida y todo ajedrecista que sepa juzgar con claridad la situación de los mismos tendrá gran facilidad para hallar el plan de la lucha. Podría afirmarse que cuando no se sabe cuál es la idea estratégica de la partida y se navega a tientas sobre el plan a seguir, es porque no se ha estudiado la conformación de los peones. Por ejemplo, en una posición de peones blancos como la que sigue: 

Todo aquel que juega con las negras sabe, aun cuando solo sea por instinto, que el punto fuerte para la lucha y el que debe tratar de ocupar con un caballo es el cuadro e4, porque la pieza que allí se instale no podrá ser desalojada por ningún peón. Además, si se trata de un ajedrecista que haya seguido nuestros cursos, sabrá algo más: que en estas posiciones de bloqueo creadas por tan frondosa cantidad de peones se modifica uno de los conceptos de la estrategia del juego, pues suelen valer más los caballos que los alfiles. En esa posición de peones, el ideal para el que lucha contra los mismos es tener dos caballos, pues al poner uno en e4, apoyado por el otro, el adversario, con dos alfiles, podrá eliminar uno de esos caballos, pero el segundo será indesalojable en e4. Además debe tenerse presente que al cambiar un alfil por el caballo de e4 se cambiará el mejor de los alfiles y se llegará a un final de caballo excelente contra un alfil malo, o sea que se halla trabado por los propios peones. Es decir, que la situación de estos peones, que habitualmente están detenidos en su marcha por otra cadena de peones adversarios, da distinto valor a las piezas y nos brinda un norte estratégico: cambiar los caballos rivales con nuestros alfiles, para poder colocar luego uno de los nuestros en e4, que no pueda ser eliminado; así no nos veremos obligados a llevar un peón a ese punto fuerte. Porque los puntos fuertes son en realidad fuertes cuando ponemos una pieza menor y no un peón.

OTRA CONFIGURACIÓN TÍPICA DE PEONES
Si, por ejemplo, tenemos esta otra configuración: 

Sabemos inmediatamente cuál es la debilidad real de la misma. La vital es la casilla d3, pues no puede ser sostenida por ningún peón. De lo que se deduce que debemos conservar el alfil rey para custodiarla y el alfil dama para cuidar a la vez la casilla f4, que tampoco está bien sostenida. Es ésta, pues, una posición abierta en la que los dos alfiles valen mucho más que los dos caballos. Hay, por tanto, un plan claro para ambos: el que lucha contra esa conformación de peones debe intentar cambiar los alflles y especialmente el de rey, y quien se defiende debe evitarlo a toda costa y, si es posible, cambiar rápidamente ambos caballos por los del rival, para eliminar las piezas más apropiadas para entrar en esos puntos débiles.

LAS PIEZAS VALEN SEGÚN LOS PEONES
Si en cambio tenemos esta otra configuración: h2-g3-f2:

debemos mantener en lo posible el alfil que se coloca habitualmente en g2, porque la eliminación del mismo dejará con debilidades vitales y decisivas los cuadros f3 y h3.

Si, por ejemplo, tenemos esta otra configuración de peones: Blancas: h2-g2-f3-e4-c4-b3-a2, luchando contra esta otra: Negras: h7-g7-f6-e5-c6-c5-b7. 

La segunda es preferible a pesar de los peones doblados, porque no deja ningún punto débil en la columna “d” abierta y, en cambio, la primera ofrece en d4 una casilla muy fuerte para un caballo, y en un final de torres, para una torre. Quiere esto decir que quien juegue con peones así constituidos tiene un plan claro a seguir. El negro, apoderarse de la casilla fuerte de d4, y el blanco, tratar de romper el sostén de esa pieza en el ala dama, mediante el plan típico de jugar a3 y b4. Es evidente que luego de ese plan las negras podrán cambiar …, cxb4 y seguir con …, c5, sosteniendo definitivamente su caballo, pero al hacer esto dejarán sin el sostén de su peón de c6 el cuadro d5 y a la vez el adversario podrá colocar otro caballo en ese sector vital del tablero.

CÓMO SE CAPTA RÁPIDAMENTE EL PLAN
No seguiremos con este tipo de ejemplos para no fatigar al lector, y en aras de la amenidad de esta labor daremos uno que tiene relación con el tema que
acabamos de tratar. Veremos una partida del torneo sudamericano de Río de Janeiro de 1939, que es típica como modelo del segundo ejemplo de configuración de peones que hemos visto: Grau,R – De Souza Mendes,J 1-0

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Soy German Spata ,Maestro FIDE Argentino , me dedico a formar jugadores con perfil competitivo. Actualmente gran parte de mis alumnos tienen objetivos serios en ganar los Campeonatos Nacionales Amateurs (Sub 2300/2000/1700) y Nacionales Infantiles.

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