Clase 203 – La teoría de Philidor

El principio teórico más antiguo que se conoce, para conducir estos finales, pertenece nada menos que al notable músico francés que fue virtualmente campeón del mundo de ajedrez entre los años 1745 y 1795 . Dice así: “Si se posee un alfil en la diagonal blanca, se deben colocar los peones en las
casillas negras para desalojar a las piezas que se ubiquen entre los peones”. Como se ve, Philidor ya había concebido el principio más fundamental de la estrategia del medio juego de ajedrez. Este principio esboza la célebre teoría del alfil ominoso, y el extraordinario ajedrecista francés lo había ampliado para la
estrategia de los finales de alfiles de distinto color. Como primer ejemplo, mostraremos dos peones en sexta, unidos. Se trata de una posición ganadora en todas las oportunidades, menos en los casos de estar los peones en “a6” y “b6” (“a3” y “b3” para las negras) o en “g6” y “h6” (“g3” y “h3”), y cuando el alfil que apoya los peones domina la casilla “b8” o “g8” respectivamente (“b1” o “g1”). En estos casos, este final, bien jugado, es siempre tablas, porque se arriba en casi todas las oportunidades al famoso final de alfil y peón “a” o “h” que se corona en cuadro de distinto color al alfil que lo protege, si el rey adversario está delante del peón. Pero antes miremos la posición típica de Tarrasch. Posición – Tarrasch 1-0

En cambio, si la posición fuera la siguiente, el final sería tablas: final – tablas ½-½

UN PRINCIPIO FUNDAMENTAL
Sabemos, pues, que se gana, salvo en una posición, en todos los casos en que se tengan dos peones unidos en sexta contra el rey. Pero, en cambio, veremos que es tablas cuando los dos peones se encuentran en la quinta línea, siempre y cuando el bando en desventaja tenga el rey delante de los peones y se ajuste al principio que pasamos a sentar: Cuando se lucha contra dos peones unidos en quinta en los finales de alfiles de distinto color, el alfil debe ubicarse delante de los peones agresores, atacando uno de ellos y tomando a la vez la casilla de avance del otro peón, ya que si se lo ataca de otra manera no se podrá evitar que se llegue a la posición de peones en sexta, que antes vimos era ganadora. Por ejemplo, una posición correcta sería la siguiente, sugerida por Henneberger en el año 1916: 

De esta manera el alfil contiene el avance del peón “e” por la amenaza del sacrificio e inmoviliza así al rey adversario en la defensa del peón “f”. Como para pretender ganar el rey blanco debe colocarse en “d6”, el final es tablas. Basta con jugar siempre …, Ad7 y …, Ac8, manteniendo el alfil negro en la diagonal actual.

LO QUE DEBE SABERSE
Pero este tipo de final también tiene una excepción. Se trata de la que mostramos a continuación: 

Este final está ganado, por la razón de que el alfil negro no puede moverse en la diagonal actual y tendrá que ir a “g8″ luego de Ac3. Quiere esto decir que los finales con peones en quinta contra alfil de distinto color son favorables para el bando que tiene superioridad material en los siguientes casos (citando
las casillas considerando que el bando blanco es el que posee ventaja):

1º Cuando se trata de los peones centrales: ”f5″ y “e5” o “e5” y “d5” o “d5” y “c5″ y el alfil adversario ataca por detrás a uno de nuestros peones, o cuando lo ataca por delante sin tomar a la vez la casilla de avance a sexta del otro peón.

2° Cuando los peones están en ”f5″ y “g5” o “c5” y “b5” y el alfil defensor está en la posición ideal (ataca un peón e impide el avance del otro), pero desde la diagonal corta.

3º Cuando se tiene “c5” y “d5” y el alfil que va por diagonales blancas, o “e5″ y ”f5″ y el alfil de las diagonales negras y el bando débil no alcanza la posición de Henneberger.

Veamos, para probar esto, una posición típica de peones en quinta línea con el alfil detrás de los peones, original también de Henneberger:
Henneberger – 1-0

LOS PEONES EN CUARTA NO GANAN
En cambio, casi siempre es tablas el final con dos peones libres y unidos en cuarta línea, porque el alfil negro tiene facilidad para ubicarse delante de los peones de acuerdo con la posición del caso 1. Pero se trata de un final muy difícil de jugar, para quien actúa con el alfil, y en la partida práctica, quien tiene dos peones de más suele ganar en la mayoría de las oportunidades. Veamos, por lo tanto, el famoso ejemplo del Dr. Tarrasch. Tarrasch – ejemplo ½-½

LOS PEONES SEPARADOS
Vemos, pues, a través de esto, cuán dificil es hacer tablas el final. En cambio, se hace fácilmente tablas cuando los peones están separados por una columna. Por ejemplo, como lo indicó Salvioli en su antiguo ejemplo, que es así: 

Ésta, que es una de las posiciones más favorables a que se pueda arribar, es tablas. En cambio, se gana con facilidad en casi todas las posiciones en que se tienen dos peones de ventaja separados por más de una columna. Y se gana porque el rey no puede cooperar, simultáneamente, en la acción sobre ambos peones. La única excepción a esta regla es cuando uno de los peones es el “a” o “h” y se corona en cuadro de distinto color del propio alfil, y el rey está delante de ese peón, pues se entrega el alfil por el otro.

OPINIÓN EXAGERADA
Estos ejemplos enseñan algunos aspectos fundamentales de la técnica de los finales de alfiles de distinto color. Nos muestran que hay justificativo en esa tendencia general a dar tablas en las posiciones en que hay alfiles de distinto color y no hay ventaja material, o ésta es a lo sumo de un peón. Pero veremos cómo cambian de aspecto las cosas cuando hay muchos peones en el tablero, y de qué manera -a pesar de que en realidad el empate es muy probable- es infundada o, mejor dicho, exagerada esa tendencia a generalizar que anima a los aficionados buenos y malos, en las posiciones con alfiles de distinto color.
Ya sabemos que hay muchas posiciones ganadoras con dos peones de ventaja; más tarde veremos cómo se maniobra teniendo en cuenta esto, y, además, de qué manera influye el esqueleto de peones para dar “chances” de victoria en este tipo de partidas. El empate teórico es muy dificil de llevar a cabo en la
práctica, pues estamos cansados de ver cómo las partidas teóricamente tablas, cuando se continúan, brindan infinidad de sorpresas. Por un lado, el error que acecha siempre al jugador, y, por el otro, la mayor habilidad de uno u otro adversario y aun los recursos ocultos de las posiciones suelen ser factores muy valiosos. ¡Lástima que la pereza o la pusilanimidad hayan malogrado tantas victorias posibles, mediante el cómodo expediente del empate! Hemos estudiado el final de alfiles de distinto color, desde el punto de vista estrictamente teórico. Nos compenetramos de la dificultad que para ganar existe, aun cuando se tengan dos peones de ventaja, pero nos percatamos también de lo complejo que resulta hacer tablas en muchas de las posiciones que los
aficionados reputen de simples de conducir por ambas partes. Vimos que, para ganar, el jugador que posee ventaja material debe respetar el antiguo postulado de Philidor, que aun hoy se resisten a comprender los jugadores débiles, por experimentados que sean. Hay que colocar los peones siempre en cuadros del mismo color que el alfil adversario para reducirle la marcha e ir de esta manera confinando al rey enemigo. La razón es tan clara, tan simple,
que no es fácil comprender cómo se incurre aún en este capricho de seguir jugando mal, cuando cuesta tan poco hacerlo bien. El ajedrez es un problema de ocupación de casillas del tablero. Toda la técnica del juego se reduce a conseguir dominar mayor y mejor sector, lo que se ha dado en llamar ventaja en espacio en el primer caso. Pero la ventaja en espacio no es simplemente el factor preponderante que se encierra en el principio de Philidor, pues no se trata simplemente de espacio, sino de “mejor” espacio.

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Soy German Spata ,Maestro FIDE Argentino , me dedico a formar jugadores con perfil competitivo. Actualmente gran parte de mis alumnos tienen objetivos serios en ganar los Campeonatos Nacionales Amateurs (Sub 2300/2000/1700) y Nacionales Infantiles.

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