Clase 70 – También en ajedrez todo es relativo

Sabemos, a través de lo que hemos visto anteriormente, cómo debemos desarrollar los peones y el orden en que éstos deben ser puestos en actividad. No ignoramos que, en el desarrollo, las movidas de peón suelen ser pérdidas de tiempo y que, a la par, involucran debilidades que pueden ser fundamentales. Ya en tren de sutilezas, tenemos el concepto de que la primera jugada de peón, por ejemplo d4, encierra, junta a un valioso propósito agresivo y de fiscalización central, la primera debilidad y el primer riesgo estratégico para quien efectúa ese avance, pues el cuadro lateral al peón más avanzado, en ese caso e4, es una debilidad que gravitará durante gran parte de la lucha. Pero lo que no hemos aclarado aún, y lo hacemos ahora para complementar el tema anterior, es que las debilidades son siempre relativas y están supeditadas a las posibilidades que tiene el adversario para explotarlas. Ceder un “hole”, por ejemplo, cuando el adversario no dispone de caballos para situarlos en ese punto, tiene relativa importancia, y, en cambio, es grave cuando los caballos existen. Dejar aislado un peón no es agradable, pero si este peón se halla en una columna bloqueada por un peón adversario, ya no es tan grave el mal y hasta puede no tener la menor importancia. Abrir diagonales cuando el rival no posee alfiles no es habitualmente grave, y, en cambio, suele ser fatal si aquél dispone de esas poderosas piezas. Avanzar los peones del propio enroque cuando el rival no ha enrocado aún, es un error; pero, en cambio, puede considerarse como plausible esa maniobra cuando el adversario está enrocado en el mismo sector. Perder el enroque no suele ser agradable, pero cuando se han cambiado !as damas esto tiene menor importancia. Situar el rey en una diagonal abierta es grave si el adversario dispone de la dama o el alfil para actuar en la misma, pero no ofrece riesgos cuando se ha cambiado el alfil y el rival no puede explotar directamente esa situación. Y así podríamos demostrar de clara manera que en ajedrez, como en la vida, todo es relativo y que está supeditado a la situación de las demás piezas del tablero y especialmente a las del rival. ¿Esto demuestra entonces que la teoría no tiene razón de ser? ¿Que no es posible sentar principios generales? Nada de eso, ya que, como en todas las cosas, se legisla para los casos generales y no para las excepciones. Lo difícil, en ajedrez, es saber cuándo uno puede apartarse de las normas clásicas, cuándo puede violar los más firmes principios estratégicos. Por eso hemos sostenido siempre que el ajedrecista bisoño no debe apartarse nunca de la lógica simple hasta lograr un gran dominio del tablero y una evidente agilidad mental para el raciocinio. Sólo entonces, y esto sucede cuando es ya un jugador de primera categoría, puede permitirse el atrevimiento de romper con los moldes clásicos ante el imperio de verdades más recónditas y para resolver problemas más ocultos.

NUEVA TÉCNICA: DESPRECIAR LA TÉCNICA
Quien más hábilmente ha logrado en su vida de ajedrecista quebrar los moldes rutinarios y demostrar la relatividad de muchos principios técnicos considerados inviolables ha sido el doctor Alejandro Alekhine. Su enorme capacidad le ha permitido jugar con la técnica, porque supo captar sutilmente cuándo es posible, mejor dicho, cuándo es necesario apartarse de la rutina para triunfar. Y como expresión de la verdad de nuestras afirmaciones, insertaremos algunas partidas del campeón mundial en las que realizó juegos malabares con la técnica del ajedrez. Comenzaremos con la que le ganó a Ahues en el torneo de San Remo de 1930, cuando brilló de manera más nítida la capacidad creadora del campeón del mundo. Ahues,C – Alekhine,A 0-1

LA LÓGICA OCULTA DE ALEKHINE
Vimos un ejemplo magnífico del Dr. Alekhine, que podría usarse para demostrar que en ajedrez no hay reglas estratégicas, que es imposible encerrar la
verdad bajo los fríos moldes de principios generales y que sólo la libertad absoluta de la fantasía del jugador puede llevar a la buscada solución. Sutilizando, y por medio de sofismas, podría probarse esto y mucho más en ajedrez y en todos los órdenes, ya que las excepciones permiten llegar a cualquier conclusión y hacen trastabillar los más firmes postulados. Pero la verdad es que aun las más extraordinarias excepciones están animadas de una lógica profunda, a menudo oculta, disfrazada tras la maraña de la complicación, pero que no suele escapar al talento sutil, creador, de hombres de la calidad de Lasker, Capablanca, Alelkhine o Botvinnik, para citar a los más firmes valores del ajedrez en las últimas épocas. Parece una violación de principios para los maestros de segundo orden que han hecho de la rutina una escuela técnica, porque se oculta precisamente en la habilidad para saber cuándo puede violarse un principio técnico, cuándo hay circunstancias que debilitan una regla y cuándo la victoria exige atrevimiento; ahí es donde radica el secreto de la verdadera diferencia de capacidad en ajedrez. En el juego que nos ocupa no hay secretos, como no los hay en el arte de conducir un ejército. Hay mayor o menor talento para saber cuándo debe seguirse un plan o abandonarlo o iniciar una ofensiva o ceder una posición. Para hacerlo es necesario a menudo tener el instinto de la estrategia, ya que suelen ser tan sutiles las razones que permiten presentir que un punto ha ganado o perdido importancia vital en la lucha que sólo los intuitivos, y no los expertos, logran a veces captar el lenguaje íntimo de la posición. Pero todo tiene una razón de ser más o menos oculta y más o menos difícil de explicar. Lo complicado es efectuarlo a tientas, pero no resulta ya tan complejo explicarlo luego de consumados los hechos. Eso sucede con las partidas de Alekhine y en muchas de sus maniobras revolucionarias, que luego se observan animadas de una lógica oculta pero profunda. Vimos esto en la partida con Ahues. Observamos de qué manera, sin completar el desarrollo, inició una maniobra en un flanco, despreciando detalles fundamentales de la estrategia. Pero advertimos luego cómo, a pesar de esto, su juego no ofrecía sino aquellas debilidades que el adversario no estaba en condiciones de explotar. De lo que se desprende que no es posible ajustarse a una ortodoxia absoluta en materia estratégica, ya que las debilidades en ajedrez son relativas, pues están condicionadas a la situación accidental de cada posición; y que un punto puede ser definitivamente débil y no tener importancia si el adversario no puede explotarlo.

UNA PARTIDA DESCONCERTANTE
Veremos ahora la extraordinaria partida que, también en el torneo de San Remo, Alekhine, con las negras, le ganó al maestro británico Yates. Fue así:
Yates,F – Alekhine,A 0-1

About German 226 Articles
Soy German Spata ,Maestro FIDE Argentino , me dedico a formar jugadores con perfil competitivo. Actualmente gran parte de mis alumnos tienen objetivos serios en ganar los Campeonatos Nacionales Amateurs (Sub 2300/2000/1700) y Nacionales Infantiles.

Se el primero en comentar

Deja un Comentario

Your email address will not be published.


*