Clase 139 – La falsa lógica en ajedrez

Una vez dijo Reti que había que desconfiar mucho de las jugadas naturales. Atribuía a la magnética influencia de las mismas una preponderancia decisiva en el desenlace de muchas partidas. Y tenía sobrada razón. Las reglas fijas, las afirmaciones categóricas, son muy graves en ajedrez y suelen ser la hipócrita máscara de más de un desengaño. El error acecha al jugador permanentemente, y sólo el muy desconfiado logra salvarse de las añagazas que tiende la lucha con singular frecuencia. El origen de muchos errores no surge por cierto de la carencia de condiciones del ajedrecista, sino de la fe ilimitada que deposita en ciertos postulados que se han hecho carne en su mente: “Hay que desarrollar rápidamente las piezas”. “Hay que mantener los alfiles a toda costa”. “No deben efectuarse dos movidas con una misma pieza en el planteo, hasta que sean puestas en juego las demás”. “Conviene hacer perder el enroque al rival”. “Ganar tiempo es una ventaja importante”. “La superioridad en espacio es decisiva en las partidas de ataque”, etc. Todos estos son principios técnicos elementales, pero fundamentales en la estructura ajedrecística de cada aficionado. No pretenderemos quebrar lanzas contra ellos, ya que son en la mayoría de las posiciones verdades de a puño. Tampoco aconsejaremos al aficionado, y menos al aficionado bisoño, que les pierda el respeto, ya que para violar estos axiomas hace falta conocer mucho ajedrez, pues las excepciones son las menos, por propia definición del término.

HAY QUE DESCONFIAR DE LOS POSTULADOS
Pero con idéntica convicción nos permitiremos aconsejar al aficionado que desconfíe siempre de las verdades teóricas. Hay que ajustarse a ellas como a ciertas normas de vida, pero esto no quiere decir que, verbigracia, no pueda ser bueno para algunos organismos el desentenderse de ciertos postulados de la vida higiénica. Hay a quien le hace mal bañarse con frecuencia, porque es reumático; a otros tomar sol, por afecciones a la piel; al de más allá hacer gimnasia, porque padece del corazón; a otro comer lo normal, por sus males de estómago, y suman de esta suerte millares las excepciones a todas las prácticas usuales de la existencia humana. Lo mismo acontece en todas las cosas, y el ajedrez, que también es una “cosa”, aunque humilde, en la vida, no podía apartarse del sendero trazado por las de más jerarquía. Y justamente es la abundancia de las excepciones lo que da interés al juego y le quita monotonía. Que si no las hubiera sería fácil desentrañar sus problemas, y el hombre se fascina siempre más por lo que no puede alcanzar que por lo que posee cerca de él, por lo que domina cabalmente.

LOS VALORES SON MUDABLES EN AJEDREZ
Las reglas elementales de la técnica del ajedrez que enumeramos antes son exactas y excelentes. El aficionado debe ajustarse a ellas, pero están repletas de excepciones, ya que detalles sutiles de cada posición quitan realidad a los postulados. Sucede lo mismo con el valor de los principios teóricos que hemos señalado que con el valor de las piezas. Nadie puede dudar que un peón vale menos que un caballo, que éste es inferior a una torre en dos peones, y que la dama vale por diez peones. Es decir, que en reglas generales el peón vale uno, pues es la unidad de medida para nosotros; que un caballo vale por tres peones, un alfil por tres peones y medio, una torre por cinco peones y medio y una dama por diez peones. Valores teóricos en verdad, pero que se ajustan casi siempre a las posibilidades de cada una de estas piezas en el transcurso de las partidas. Pero también todos saben que el valor de las piezas varía fundamentalmente en el curso de la lucha y que hay casos en que un peón vale más que una dama, por citar el ejemplo más exagerado. No hay, pues, que dejarse arrastrar excesivamente por la firmeza de las reglas fijas del ajedrez. Esto no autoriza, en verdad, a entregar piezas confiando en la existencia de excepciones cada vez que uno lo intente. Pero sí a no entusiasmarse mucho con la ventaja material si no está respaldada por una conformación estratégica lógica y adecuada. No nos extenderemos en este tema del cambio del valor de las piezas, pues ya hemos hablado de él en realidad cuando estudiamos los sacrificios posicionales de calidad y el juego de ataque sobre el enroque. Vimos de qué manera llega a valer más un tiempo que una pieza en muchas situaciones y cómo es más fuerte una pieza menor que una torre en ciertas circunstancias.

EL VALOR RELATIVO DE LAS PIEZAS
Pero para resumir precisamente lo que hemos querido significar respecto al relativo valor de las piezas, y cómo está supeditado éste a la situación que ocupan en el tablero, veremos un final de estudio que muestra lo que hemos afirmado. Se trata de un final de Kubbel, instructivo para lo que nos proponemos. En la posición que sigue las blancas tienen un peón menos, pero en cambio pueden emplazar un ataque al monarca negro apoyado por su propio rey. Pero la victoria no es clara ni mucho menos. (Invitamos a que el aficionado que no conozca este final, que hemos tratado en anterior oportunidad, lo estudie y trate de hallar el procedimiento ganador de las blancas.) Sin embargo, existe, y se basa en una entrega de material: Kubbel,K – 1-0

Admin bar avatar
About German 226 Articles
Soy German Spata ,Maestro FIDE Argentino , me dedico a formar jugadores con perfil competitivo. Actualmente gran parte de mis alumnos tienen objetivos serios en ganar los Campeonatos Nacionales Amateurs (Sub 2300/2000/1700) y Nacionales Infantiles.

Se el primero en comentar

Deja un Comentario

Your email address will not be published.


*